
El parto de Lucía no fue nada corriente.
FUUUAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!
Nació de un fogonazo.
Una bola de luz lloraba en brazos de la comadrona, que se la pasaba de uan mano a otra para no quemarse.
Los médicos, para tranquilizar a la madre, le dijeron que efectivamente no se trataba de una niña normal pero que en términos generales, había sido un parto brillante.
A mamá Bastante no le importó que no tuviera ni manos, ni ojos, ni boca, ni piernas...era su hija y brillaba más que ninguna.
Pero al padre, que cuando conoció la noticia, se le encendieron los nervios, buscó una explicación.
-¿Qué le ha sucedido a mi hija, doctores?
Los galenos, quitándole cobre al asunto, le respondieron que no era tan raro, que al fin y al cabo Ciudad Melancolía estaba llena de seres más raros (ese mismo doctor nació con 4 pezones, dos delante y dos detrás) y que por lo menos aquella niña tenía chispa.
Tras aquello, la familia se tuvo que aguantar y ver crecer a su hija saludable. También es cierto que jamás tuvieron que pagar el recibo de la luz.
Sus vecinos tampoco.












