ROGELIO CABEZON: una historia de amor chungo


Rogelio Cabezón, creció juanto a los demás niños en Ciudad Melancolía. Jugó con ellos, aprendió con ellos y rio con ellos. Era igual en todo excepto en una cosa: su CABEZA.

Todo él era cabeza. Nació sin cuerpo.

Siempre se las había apañado para no ser tratado diferente y lo había conseguido. Hasta el fatídico día de Mayo en que JUANITA BELLEZAS perforó su corazón.

Pronto se dio cuenta de que ella nunca se iba a fijar en él, al menos no como en los demás, así que se puso a idear un plan para llamar su atención. Tenía que ser algo que los demás no pudieran hacer tan bien como él... guiñar los ojos?..no... peinarse?...tampoco...escupir?....síiii, escupir se le daba de miedo. A lo largo de los años y debido al desmesurado tamaño de su cabeza había desarrollado una gran técnica a la hora de escupir. Iba a dedicarle a Juanita un escupitajo que no olvidaría jamás.

Rogelio se pasó 3 días enteros recogiendo saliva de cualquier rincón de su boca y cuando ya no pudo más se fue rodando al encuentro de Juanita.
Saltando delante de ella logró que le prestara unos segundos de atención- no fue difícil ya que había aumentado 5 veces su tamaño habitual-y escupió para ella.

LO ESCUPIÓ TODO. 3 días de saliva.

Rogelio no pensó que los elementos se volverían contra él y no prestó atención al tremendo viento que en ese momento envió una potente ráfaga en su contra. Los 872 litros de baba escupida se volvieron contra él y Rogelio Cabezón murió ahogado.

Juanita Bellezas murió de la impresión.

Aún hoy, si te das una vuelta por Ciudad Melancolía, se puede ver a Rogelio en el cementerio intentando llamar la atención de la bella Juanita.